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El sueño inquieto
EL SUEÑO INQUIETO.doc
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EL SUEÑO INQUIETO

 

            Aunque los niños se hayan acostado y hayan conciliado el sueño sin plantear conflictos, en el transcurso de la noche pueden aparecer toda una serie de nuevos problemas. Todos los niños sueñan y algunas veces tienen pesadillas que les despiertan y asustan. Otros hablan en sueños, hacen rechinar los dientes, dan golpes con la cabeza contra la almohada o se hacen pis en la cama.

 

            Uno de los trastornos nocturnos más frecuentes en la infancia son los terrores nocturnos. El niño con terrores nocturnos empieza a gritar bruscamente, medio en sueños, y aunque tarde bastante en tranquilizarse y dormirse de nuevo, muchas veces no recuerda nada de lo ocurrido al día siguiente.

 

            Siempre es difícil saber con exactitud la frecuencia de este tipo de alteraciones. Sin embargo diversos estudios han examinado su incidencia en la población infantil. Un investigador señaló que en todos los grupos de edad las pesadillas eran el trastorno más frecuente, seguidas de lejos por los terrores nocturnos, después de los cuales y en último lugar estaba el sonambulismo (Anthony, E. J., An experimental approach to the psychopathology of childhood sleep). Cuando examinó en la muestra de niños que estudiaba, la distribución de las alteraciones a distintas edades, descubrió grandes diferencias. Por ejemplo, de los cuatro a los siete años, un 63% de los niños sufría terrores nocturnos, y de los ocho a los diez años, un 24%. Mientras en el grupo de once a catorce años la incidencia era mucho menor, solo un 15% de los niños tenían terrores nocturnos.

 

No sucedía lo mismo con las pesadillas. Mientras eran un problema en un 19% de los niños entre cuatro y siete años, y de un 12% de los de once a catorce años, la cifra subía en picado en el grupo de ocho a diez años, afectando las pesadillas a un 69% de los niños.

 

En lo que a sonambulismo se refiere, solo se manifestaba en un 5% de los chicos entre cuatro y siete años con trastornos del sueño, y aumentaba con la edad. Es decir, entre los ocho y los diez años, un 30% de los niños eran sonámbulos, y a partir de los diez constituía el problema principal de los trastornos del sueño (65% de las consultas).

 

La distribución de cada uno de los trastornos es distinta, variando según las edades. Pero la incidencia también es diferente según los sexos, de los cuatro a los siete años las niñas tenían el doble de probabilidades de presentar estos trastornos, y de los once a los catorce años la probabilidad era veinte veces mayor en niños que en niñas.

 

Durante muchos años médicos y padres creyeron que estos trastornos estaban relacionados con los sueños. Parecía lógico pensar que el niño que se despertaba asustado y chillando estuviera soñando y que los niños sonámbulos o con somniloquia (hablar en sueños) estuvieran de algún modo “actuando” en sueños. Incluso la enuresis se asociaba, y todavía se asocia a veces, con el hecho de soñar. Pero la llegada del electroencefalograma significó un cambio radical. Los registros electroencefalográficos han demostrado claramente que existe una estrecha relación entre los sueños, las pesadillas y la fase de movimientos rápidos de los ojos (fase REM). La enuresis, el sonambulismo, la somniloquia y los terrores nocturnos están, todos ellos, relacionados con el paso de la fase 3 a la fase 4 del sueño ligero, a consecuencia de lo cual se denominan “trastornos del arousal/activación”.

 

Todos estos trastornos aparecen frecuentemente en una misma persona en diferentes épocas y a menudo se descubre que existe una historia familiar de dichos trastornos. Además de estar relacionados con la misma fase de sueño, estos trastornos presentan otros rasgos en común. Todos ellos se presentan en formas de ataques o crisis periódicas, por ejemplo, una vez cada tres semanas, y se caracterizan por la falta de reactividad a los estímulos que rodean al niño y por el hecho de que éste los olvida al despertarse.

 

Hay más pruebas que demuestran que estas alteraciones no son solo una mera extensión de los sueños. Aparecen principalmente durante las tres primeras horas del sueño, mientras que la fase de sueño REM se da predominantemente en la tercera y última parte de la noche. Alteraciones de este tipo solo se han podido observar en un 10% de registros electroencefalográficos. Además por regla general, despertar en la fase REM y recordar un sueño van unidos y en cambio un enurético o sonámbulo no recordará nada si es despertado.